Los agricultores se están quedando solos


Por Ariel Castillo

La extensión rural es un sistema de conocimiento para la agricultura cuyo propósito es diseminar información para mejorar la producción y las prácticas agrícolas. Es decir, la extensión rural es un proceso de trabajo y acompañamiento con el productor orientado al desarrollo sostenible de sus capacidades. En la República Dominicana, el servicio de extensión nace en el 1962, con un proyecto financiado por la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agropecuario (FIDA). (Encarnación, 2017).  

 Los extensionistas agrícolas son intermediarios entre los agricultores, por una parte, y los investigadores, abastecedores de insumos y crédito, comerciantes y otros agentes que intervienen en la agricultura, por la otra. Frecuentemente, su principal función es estimular procesos de aprendizaje en los cuales participan tanto ellos como los agricultores. (FAO 2004).

Las instancias del Ministerio de Agricultura dedicadas a la extensión continúan operando, sin una metodología, supervisión, ni recursos suficientes para la realización del trabajo. Así, los servicios de extensión, asistencia técnica y transferencia de tecnología han quedado a cargo, mayormente, de empresas comercializadoras de productos y equipos para la agricultura, cuyos fines primarios son la venta de sus productos. Hay una grave desarticulación en las acciones del personal designado para servir a los agricultores, principalmente pequeños y medianos. No se ha tenido por mucho tiempo una metodología que oriente el trabajo, y los recursos han escaseado. El envejecimiento de los extensionistas plantea una situación preocupante, sin que se vean reemplazos a corto plazo, ya que la matrícula de los estudiantes de Agronomía de la mayoría de las universidades ha decrecido en los últimos años. (FAO 2014). 

Según la FAO (2014) en su informe sobre: Aprendizajes sobre las transformaciones de los sistemas de extensión y transferencia de tecnología en la Republica Dominicana, recomienda una renovación del personal destinado a los servicios de extensión del Ministerio de Agricultura, que constituyen el mayor número de técnicos asignados a esas tareas, ya que en su mayoría tienen una edad avanzada. 

Viendo tan importante recomendación que hace una organización de la categoría de la FAO, las autoridades hacen todo lo contrario. Hemos visto como los ministros del sector agropecuario recuren al maltrato de los técnicos de avanzada edad con más de 30 años en servicios, cancelándolos  (desvinculándolos), en vez de jubilarlos, pensionarlos, al igual que la nueva generación que como dice anteriormente es escasa, a estos les pagan cuando quieren, sin seguro médico, sin las condiciones necesarias para realizar un buen trabajo, lo cual desmotiva a los presentes y aquellos pocos jóvenes que aun sienten el interés de estudiar y pertenecer al sector agropecuario. Al parecer el sector anda ¨manga por hombro¨  como dice el buen dominicano.  

Al desvincular un profesional no solo se queda un agrónomo sin empleo, se han preguntado los ministros, ¿Cuántos productores no tuvieron acceso al crédito tasa cero? ¿Cuántos no pudieron preparar sus terrenos de manera exonerada? ¿Cuántos no recibieron semillas gratis o subsidiadas? ¿A cuántos se les ha perdido su cultivo por falta de asistencia técnica? ¿Cuántas tareas de tierras se han dejado de sembrar? Sin olvidar que los agricultores son la cabeza de un hogar, tienen familia y su sustento es solo en muchos casos de la agricultura. Todo esto y mucho más por la falta de un profesional del área que les de acompañamiento. 

En el ministerio de agricultura existen oficinas en total deterioro y con apenas un 40% (cuarenta por ciento) de su personal para brindar servicios de extensión, es decir, prácticamente vacías. Este 15 de mayo los agricultores lloraran un mal de lágrimas de tristeza en vez de celebrar con alegría y felicidad. Las autoridades agropecuarias están caminando como el Cangrejo, como dice el dominicano ¨hacia atrás¨.  

El gobierno a través de sus instituciones debe de implementar un plan de inclusión masiva de profesionales agropecuarios como lo recomienda la FAO. Sin la participación de estos profesionales los planes y proyectos que se preparen solo serán mera publicidad y papeles para engavetar en las oficinas. 

De no ser así, los agricultores se quedaran solos.

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