Seguridad pública, pandemia y deuda social


Por Carlos Rojas 

En la era de las fake news, además de ese azote comunicacional, nos encontramos como si fuera poco con una gran pandemia que ha impactado al mundo. Los gobiernos de todas las naciones de improviso se vieron inmersos en una lucha tenaz contra un enemigo invisible, pero cuyas secuelas de enfermedad y muerte se han dejado sentir.

Como era obvio había que tomar medidas para enfrentar ese enemigo silente  que nos asecha y nos mata. La más fuerte de las adoptadas fue el confinamiento, acompañadas del toque de queda y las medidas de excepción. De repente se vio afectada nuestra economía y la vida no pudo ser igual a como era conocida antes de la pandemia. Hasta llegar al presente, y ya casi cumplimos un año de confinamiento.

Cuando se desencadenaron estos acontecimientos pensamos que la ciudadanía iba a ser más comedida, más prudente, a buscar más de la fe hacia Dios; pero al parecer el impacto de la cuarentena larga y tediosa, ha incubado una violencia social increíble que ha eclosionado en todo el entramado intrasocietal.

Esta manifestación de inconformidad y rebeldía sucedió con diferentes magnitudes a escala planetaria; pero en este momento me circunscribiré a lo ocurrido en nuestro país. Es en marzo del año 2020, que iniciamos con la implementación del toque de queda  y el confinamiento. Se inicia el deterioro de la economía nacional y la imagen de las instituciones a cargo de enfrentar los problemas planteados por la pandemia vieron deteriorarse su imagen pública.

En torno a la seguridad pública que es el tema de estas reflexiones, debemos afirmar que las encargadas de esta son la Policía Nacional y nuestros cuerpos castrenses. Paralelamente a las labores preventivas y de contingencia iniciaron una campaña, fungiendo como agentes multiplicadores de una campaña de concientización informando por qué no debíamos estar en las calles y otras medidas que aconsejaban los organismos internacionales para combatir la pandemia. Estas instituciones especialmente la Policía Nacional, la cual por décadas ha reprimido a la ciudadanía recibe el impacto directo del rechazo que genera su actuación pasada y la deuda social acumulada. Cierto es, se han cometido algunos excesos y esto ha sido el detonante de protestas y actos de franca y abierta rebeldía. Se inicia entonces una campaña mediática no ya en contra de la Policía Nacional, sino también contra su director, un joven oficial que viene de la línea académica, no solamente de la institución policial, sino de la academia científica civil y militar. El trabajo desplegado por él choca con muchos intereses, pero sobre todo con los de aquellos sectores que han manejado la parte cloacal que ha permeado el cuerpo policial, afectando seriamente la credibilidad de esa institución de orden público.

El Director está introduciendo cambios sustanciales; pero debemos advertir que los cambios no son fáciles de implementar. Entre las medidas adoptadas están: una mayor transparencia en sus actuaciones, sanción para los miembros policiales que cometen excesos, en fin, se ha establecido un régimen desconocido en las filas policiales, nos referimos al régimen de consecuencia.

Exhortamos al señor director para que siga adelante con sus transformaciones, tarea ciclópea en una época donde vale más un relato montado para desvirtuar hechos y realidades que una actuación justa y acertada. Usted es un orgullo de nuestra generación, sabemos que es una tarea ingrata y difícil, pero estamos seguros de que la pasará con una gran calificación.


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