Johnny Ventura a los jóvenes: Vivir con propósito es el mejor camino para alcanzar el éxito

Para la leyenda del merengue Johnny Ventura “El Caballo Mayor”, sus experiencias de vida lo han llevado a concluir que cualquier joven que desee transitar por el camino del éxito, debe tener algo claro antes de iniciar, que es: aprender a  vivir con propósito. “No importa lo que hagas, procura siempre ser el mejor”.

Las palabras del popular merenguero, referente obligatorio del género con más de seis décadas de carrera artística, fueron expuestas durante un conversatorio virtual con estudiantes de la Universidad APEC, en el que recorrió sus más importantes logros de su  vida artística tanto en el ámbito local  como internacional, que lo llevó a convertirse en un “merenguero hasta la tambora”.

El escenario también fue propicio para que El Caballo Mayor ofreciera sus primeras revelaciones sobre lo que traerá su libro “El merengue visto por mí”, el cual verá la luz  pública  en los próximos meses.

Por la trascendencia histórica de la conversación con el cantante, locutor, empresario, compositor y político, Johnny Ventura, y como un aporte de la UNAPEC a la formación integral de los jóvenes, se reproduce a continuación la vida y obra de uno de los representantes más genuino del merengue de la República Dominicana.

¿Cómo fueron sus inicios como artista?

Mis inicios como artista fueron muy circunstanciales, o sea, no era parte de mi agenda. Yo estudiaba para ser el mejor arquitecto de la República Dominicana, ese era mi propósito; porque algo que le quiero dejar a los muchachos es vivir con propósito, cualquiera que sea el deseo, debe ponerle el carácter y el interés que eso lleva.

Y yo estudiaba con ese afán, con ese ahínco, no solamente para ser arquitecto, sino para ser el mejor arquitecto de la República Dominicana. En aquel tiempo los bachilleratos tenían nombres y apellidos: (bachillerato) en Ciencias Físicas y Matemáticas.

Terminamos en La Normal (Escuela fundada por Eugenio María de Hostos) un grupo de 30 y tantos, casi cuarenta jóvenes. La mayoría abandonaron porque éramos casi todos del mismo estrato social, y solo seis de nosotros decidimos procurar seguir estudiando. Y entonces nos fuimos a un instituto comercial, donde estudiamos mecanografía, taquigrafía, contabilidad y archivo. A eso, en aquel tiempo, se le llamaba Secretariado Comercial.

Y en ese instituto es que por primera vez donde estoy en un aula mixta, porque generalmente las escuelas en ese tiempo eran o de hembras o de varones, y esa era mixta. Entonces, teniendo las muchachas tan cerca, algunas tan bonitas, tuve la suerte de que hacían actividades culturales cada 15 días, lo que le llamaban veladas, y yo con la intención pura y simple de levantarme (conquistar) una de las muchachas, empecé a hacer de todo.

Yo declamaba, cantaba, bailaba, yo era el animador, yo hacía de todo lo que había que hacer en ese evento, para llamar la atención. El asunto funcionó, pero al mismo tiempo dos de los muchachos entendieron que yo tenía actitudes y cualidades para ser artista, me insistieron para que yo fuera a los programas de aficionados de la época, y yo no quería.

Entonces, dentro del mundo de estrecheces que yo vivía me invitaron a almorzar a casa de uno de los dos muchachos. Ese día después que comimos…, -aquí para ese tiempo era otra vida, a las 12 cuando sonaba la sirena de los bomberos en la Capital, se paralizaba todo: los trabajos, los comercios, todo; y la gente tomaba ese tiempo para comer hasta las 2:00 de la tarde, que era cuando volvía a sonar la sirena-.

Éramos prácticamente una aldea en ese tiempo. Pero salimos a caminar, dizque para bajar la comida después de almorzar, y ellos me llevaron….; -justamente era un día en que en la Voz de la Alegría se ensayaba en el horario que nosotros caminábamos hacia allá y, además de ensayar, se actuaba ese día-.

En la puerta, ellos me dicen: oye, están ensayando, entremos. Yo le digo que no. Y empezamos una discusión, que sí, que no, que sí, que no…, hasta que uno de ellos, el que fue mi manager por 50 años desde ese día hasta el día de su muerte, me dijo: si tú eres macho, entra (se sonríe). Yo le dije, yo soy más macho que tú (sonríe).

Y me retó. Entonces entramos y yo tuve la dicha de ganar el primer premio ese día. Te imaginarás que a partir de ahí no tuvieron la necesidad de llevarme, ya yo iba solo (se sonríe). Bueno, ahí empecé a cantar, a ganar premio, y me di cuenta que se abría una posibilidad en mi vida de tener una profesión que no la había pensado.

Entonces procuré ir a la Voz Dominicana. En la Voz Dominicana había la posibilidad de estudiar en la escuela, pero había que pasar el “cedazo” (un tiempo de prueba). Duré un año cantando domingo tras domingo, hasta que me dieron la beca. Así fue la cosa.

Perseguía sus éxitos

Yo digo que los jóvenes van a triunfar o no, dependiendo del mundo que le rodea. Yo tenía un tío que perseguía mis éxitos, que quería que yo fuera un hombre exitoso y me hacía algunas observaciones, y una de ellas era vivir con propósito. Y de lo que tú vayas a vivir, procura ser el mejor. Por eso, a mí se me entronizó la idea de ser el mejor.

Luego que vi que tenía esta posibilidad, entonces yo no quería ser empírico, quería ir a la escuela, conseguí la beca, y se dice que fui el alumno con las mejores notas de toda la historia de esa escuela.

Así nació Johnny Ventura, El Caballo Mayor

Hubo un accidente en el país, porque en un momento dado llegó la invasión de Constanza. Uno de los pilotos se llamaba igual que yo, Juan de Dios Ventura. Él era Juan de Dios Ventura Simó, y yo era Juan de Dios Ventura Soriano.

Eso, en época de Trujillo, tener el mismo apellido era un problema, imagínate tener todo. Es decir, él firmaba Juan de Dios Ventura S, y yo firmaba Juan de Dios Ventura S. Había un lío (sonríe), porque los dos teníamos derecho a serlo, pero él era Simó y yo Soriano.

Ese señor era capitán piloto de la Fuerza Aérea Dominicana. En un momento dado, en uno de los vuelos de prácticas se llevó el avión hacia Cuba, y tiempo después vino con la expedición, y ese fue el avión que se usó.

Lo declararon enemigo del régimen en principio, porque vino dentro del paquete. Luego dijeron que no, que él le tendió una trampa a los otros, pero resulta que dos días después de haberlo apresado, que lo presentaron en la televisión, él dio la declaración de que sirvió al régimen trayendo esa gente engañado…

Entonces eso propició que el profesor (el director de la escuela de Petán Trujillo), me dijera: ¿cómo le dicen en su barrio? Entonces yo le dije, en el barrio me dicen Johnny – era la época del rock and roll, bailábamos con mucha música americana-, y él me dijo, pues a partir de ahora usted es  Johnny Ventura. Hasta el día de hoy (sonríe).

Empecé a cantar con los programas de Voces Nuevas, después con diferentes orquestas, hasta que en 1964 hicimos el Combo Show, que es lo que nos abre la puerta a nivel internacional y nos lleva a andar por todo el mundo.

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