“Es un secreto”: La carta de una niña plasmaba los abusos que sufría en una escuela de la Legión de Cristo

En esta imagen del 14 de enero de 2020, Ana Lucía Salazar sostiene las cartas que el nuevo director general de la Legión de Cristo, el reverendo Eduardo Robles Gil, y su agresor le enviaron pidiendo su perdón, durante una entrevista en la Ciudad de México. Salazar dijo haberse sentido profundamente ofendida por cómo las misivas restaban importancia a los crímenes a su posterior ocultación. (AP Foto/Marco Ugarte)
CIUDAD DE MÉXICO — Todo empezó a descubrirse en el baño de niñas de una escuela de Cancún en 1993. Cuatro o cinco alumnas de primaria cuchicheaban en secreto con caras llorosas.

Beatriz Sánchez, entonces maestra de inglés del colegio Cumbres, regido por los Legionarios de Cristo, se dio cuenta de que algo pasaba cuando una de las mayores entraba y salía del baño. “Cuando me acerqué me dijo: miss, cada vez el padre se lo está haciendo más fuerte a las más pequeñitas y ya no queremos que pase eso con ellas, por favor ayúdenos”.

Como no se atrevieron a decir más, Sánchez, ahora de 63 años, las instó a hacerlo en una carta para ella y otra maestra.

Biani López-Antúnez, una de aquellas pequeñas, escribió un claro documento incriminador contra el sacerdote Fernando Martínez que no había sido divulgado hasta ahora, cuando la orden vuelve a encontrarse en el centro de un escándalo sobre abusos y encubrimiento.

La presentadora de televisión Ana Lucía de Salazar reveló en mayo los abusos que había sufrido por parte de Martínez en la escuela de Cancún, así como los esfuerzos de la jerarquía de la Legión de Cristo por ocultar las agresiones. Las revelaciones han golpeado a la orden en su feudo tradicional, México, y arrojado una sombra sobre las prestigiosas escuelas privadas que son su principal fuente de ingresos.

Su historia, que ha acaparado titulares en México, llevó las autoridades católicas mexicanas a condenar los abusos y el encubrimiento de los crímenes.

También animó a hablar a otras víctimas, como López-Antúnez, que el 14 de mayo de 1993 había concluido su carta con una petición que mostraba el miedo a revelar lo que les estaba sucediendo: “P.S. Es un secreto entre miss Lorena y yo”.

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