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La cámara de torturas que pocos conocen

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Juan Salazar
Santo Domingo
Más allá de los centros de torturas ubicados en  La 40 y en la carretera Mella de la capital, existió otro poco conocido en la autopista Duarte, a unos seis kilómetros de Villa Altagracia, donde todavía quedan las huellas de las torturas y abusos cometidos contra opositores de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

La cárcel está ubicada a la altura del kilómetro 36 de la autopista Duarte y allí funcionaron cinco celdas, ahora sin divisiones, para usarlas como depósito de madera. Solo tres de ellas conservan los barrotes en las ventanas.

A la entrada hay dos edificaciones donde residen igual cantidad de familias y está todavía una letrina que se utilizaba en el recinto.  Esos locales alojaron la oficina administrativa y albergaron al personal que custodiaba la cárcel y que ejecutaba las torturas.

Justo a la derecha de la estructura donde estaban las celdas hay un espacio que funcionó como establo y que ahora el señor Catalino Hernández, nativo de Villa Altagracia y residente en Villa Mella, utiliza para la crianza de cerdos.

Una escalera con peldaños normales para subir y tipo corredizo para bajar conduce a un pasillo que ha quedado sepultado por el agua, restos de la vegetación y la basura acumulada.

Los vecinos desconocen si el pasillo conduce a otra edificación, al parecer un sótano, donde se asegura que los opositores de la dictadura  trujillista eran vejados y torturados.

Hernández, de 51 años, y su hermano Candelario Pérez, de 50 años y con 18 residiendo en el lugar con su esposa, cuatro hijos y tres nietos, aseguran que ninguna autoridad se ha acercado al lugar para verificar qué hay en el área que funcionaba como sótano, adonde ellos nunca han intentado acceder.

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